GAME 2 - 09.06.06
Los seres humanos que han alcanzado cierto nivel de sabiduría en esta vida saben que, en la naturaleza, tanto la destrucción como la creación se complementan. "Son dos pasos, como el día y la noche. Todos los valores opuestos de la naturaleza danzan juntos. Así ha sido desde el inicio. Así continuará hasta el final. "
La segunda fecha nos dejó una sabia lección y bien podría ser usada como ejemplo para ilustrar esta filosofía. Por un lado, la destrucción del fútbol en manos (y pies) de Golden Scissors. Por el otro, la contrucción de una red invisible de jugadas, toques y gambetas, para tejer un éxito claro. Boomerang demostró que tiene oficio de obrero de fútbol y puede construir triunfos.
Los muchachos de Golden Scissors entraron a la cancha dormidos. Y como un despertador que no te deja dormir, los goles seguían llegando y el silbato seguía sonando. Recién al tercero se despertó el equipo. Tarde. Cuando se estaban lavando los dientes llegó el cuarto. Saliendo de la ducha cayó el quinto. Peinándose frente al espejo llegó el sexto, luego el séptimo, y así hasta que casi no alcanzaron los dedos de las manos para contar los goles sufridos. No vamos a hablar de responsabilidades ni de culpas. El equipo es uno y en uno cae el éxito y el fracaso. Pero ayer cayó una mancha sobre los hombros de este joven equipo. Con luna llena y todo, Golden Scissors tuvo una noche negra. Oscura. Siniestra. Para el olvido. No alcanzaron los manotazos del joven portero. Ni la experiencia de su central, Pablo Verdin. Tampoco la del brasileño Ramos, lateral izquierdo. Alfonso estuvo apagado y hace tiempo no brilla como supo hacerlo cuando defendía los colores de Boomerang. Ariel "La Fiera" Guntern se limitó a pegarle rodillazos a los rivales. Por suerte para su equipo, uno fue a parar a la pelota y la clavó en un ángulo. Carlos Astolfi entró a los pocos minutos y puso más de lo que tenía el equipo. Sus piques cortos, aunque peligrosos, no encontraron socios adelante y lo desgastaron con el correr de los minutos. En el medio, un apático Leyton, sin brújula y con poco criterio, apenas pudo colocar una pelota de gol. Otro mediocampista, La Greca, sin ser el mismo de siempre (o el que sería en el siguiente partido) se tropezaba con el pasto y a veces chocaba con el balón. Adelante, Gutierrez la pedía en vano, escondido detrás de los dos centrales y Mariano "el pájaro" Vidal -un invitado- no conectaba con el mediocampo. Ni con la pelota. Una sola habilitación del pájaro fue a parar al medio del área, donde Rob no dudó y la mandó a guardar al fondo del arco. Dos goles marcados. Diez goles recibidos. El DT ya dio un paso al costado. La hinchada los despidió con una lluvia de silbidos. Este equipo recién se está conociendo y difícilmente cambie a tiempo para convertirse en protagonista del campeonato. Aparentemente sólo queda un objetivo para salvar el año: el superclásico contra Boomerang.
Maduro. Paciente. Simple. Hay más palabras para describirlo pero con esas tres alcanza. El juego que Boomerang desplegó en su segundo partido fue notable. De menor a mayor, su juego creció en dimensión, profundidad y peligro. Desde la portería, un verdadero "Rey" se encargó de mantener el cero bajo los postes. Una luz. Un rayo. Unos movimientos felinos que ayuyentaban cualquier olor a gol. Desde abajo crecía la seguridad. Lo sentían los defensores y se veía desde afuera. Boomerang puso la ficha sobre el paño frío y doblegó a su rival, obligándolo a adaptarse a su ritmo de juego. Un Fede imparable por izquierda no dejó pasar una -aunque en declaraciones posteriores admitiría que tiene menos izquierda que Pinochet-. La pelota pasaba, pero el hombre no. Decidido, iba derecho a las pantorrillas y su estrategia pagó. Ruby, Julito y Fernando fueron los cimientos de una sólida pared que se movía como un bloque que, relevando puestos dentro y fuera de la cancha. En el medio, un La Greca enorme se calzó la diez autografiada y se fue al vestuario firmando autógrafos. Jugó a otra cosa. La paraba, levantaba la cabeza, brazos en jarra, pim. Al ángulo. La recuperaba, la amasaba y otra vez. Pim. Al otro palo. Impredecible, inspirado y muy criterioso, este jugador tomó la manija por momentos y llevó al equipo a puerto seguro. Su socio en el medio, Chris, abrió el marcador con un certero disparo y supo mantener el orden en el mediocampo. Paciente y generoso (demasiado a veces), jugó e hizo jugar. Adelante, un invitado sorpresa: el gol. De los pies de Gutierrez, para sorpresa de muchos, finalmente se escuchó su grito. Aunque uno fue después de una gran jugada del diez por izquierda, Gutierrez demostró que la pólvora no está mojada. Sólo un poco húmeda. Si el desempeño de estos dos jugadores se repite jugando para Golden Scissors, estamos hablando de otro equipo. Mientras tanto, Boomerang suma sus primeros tres puntos y se acuesta sin frazada, sabiendo que si sigue así, la noche antes del superclásico puede dormir tranquilo.
Thursday, September 07, 2006
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment