Thursday, September 14, 2006

GAME 3 - 09.013.06 - EL BOLLO NO ESTÁ PARA HORNOS

Si en la final de Alemania 2006 Materazzi le hubiera dicho a Zidane lo que Gutiérrez le dijo a Leyton, o lo que Leyton le contestó a Gutiérrez, el francés le habría sacado el corazón con una cucharita de helado, después de pegarle el cabezazo en el esternón. Cosas del fútbol, como dicen en las conferencias de prensa luego de un match caliente. Cosas que quedan en las canchas, porque ahí es donde nacen y ahí es donde saben morir.

Partido vibrante, el de los Golden Scissors. Mucho huevo, mucha garra y mucho descontrol. El equipo sigue sin encontrar su estilo, pero la búsqueda pagó algo. Un puntito a casa, como para descorchar gatoreit con el narigón.

El primer tiempo fue una historia repetida. Otra vez empezó con un 2 a 0 abajo. Otra vez el equipo contrario madrugó a la defensa, luego de una perfecta habilitación del portero. Hecho que merece un análisis profundo, ya que las salidas desde el arco siguen siendo regalos (sin envoltorio y todo) para los delanteros rivales. El medio no existió. Entre lesiones y estados físicos deplorables, el mediocampo brilló por su ausencia y lamentablemente ni siquiera sirvió para molestar la visión de los volantes contrarios. Adelante no se vio mucho. Hubo cortocircuito entre la delantera y el medio. ¿Lo más destacable? Un tiro de Brendan, casi desde la cancha contigua, que fue a parar a la red. Inatajable. Y el 2 a 2 parcial, un tiro libre cobrado por Guitierrez y aprobado por el juez. El delantero argento no esperó la barrera y la clavó en un ángulo. Así se fueron al entretiempo. Sin convencer. Con la cabeza gacha, como para que los insultos de la platea no peguen directo en la cara. Los "pu***" y "chupa*****" llovían desde las gradas. También se oyó algún que otro "hacétela poner", "soplapetes", "mascabultos", "catadores de braguetas" y el siempre vigente "pataduras". Esta última tal vez haya sido una de las agresiones verbales más duras y, aparentemente, el punzón que tocó la fibra más sensible del orgullo en los jugadores de Golden Scissors. La chispa que encendió el motor y que los vió salir con otra actitud.

El segundo parcial se jugó de otra manera. La pelota finalmente hacía lo que las leyes de la física dictan que debe hacer todo elemento redondo impulsado sobre cualquier superficie lisa: rodar. Toque a toque llegaron las jugadas y llegó el gol. Sin darse cuenta, Golden Scissors pasaba al frente 3 a 2. Verdín le seguía preguntando al árbitro si el score era correcto. "¿Está seguro de que no está sumando mal?" -Verdín insistía, sorprendido, con su calculadora de bolsillo. Nadie lo podía creer y la platea panqueque aportó lo suyo. "Idolos", "Cracks", "Maestros". El primer tiempo amagaba a quedar en el olvido y los laureles llovían desde las gradas. Eran puros elogios. Excepto por ese hincha poco inspirado que seguía con el "pataduras". También se escurrió un "maricón". Pero creo que ese fue para el referí. Luego vino el intercambio de piropos entre los jugadores argentinos. Bochornoso. Infantil. Y luego el empate y el pitazo final. Costó el primer punto. Tanto, que al cierre de esta edición el delantero Brendan volvía del hospital con una severa lesión en el hombro. "The Silverback Hunchback", le gritaban desde el banco contrario. 3 a 3. Victoria pobre. Derrota barata. Cada uno se fue a las duchas con su propia verdad. ¿Llegarán a aunar criterios estos jugadores? ¿Podrán alinear verdades individuales para observar una sóla, única, mucho más clara y productiva? Preguntas que sólo el fútbol sabrá contestar a su debido tiempo. O cuando se le ocurra responder. Cosas que no se pueden entender, simplemente porque aún no se ha encontrado una explicación. Cosas que carecen de lógica, como todo capricho. Típico del fútbol.


BOOMERANG. UN EQUIPO QUE VA Y VIENE.

Sin poder apreciar el segundo tiempo del tercer partido de Boomerang, me limito a entregar comentarios aislados y poco profundos. Un análisis a medias no es análisis. A priori, cuando los equipos entraban a la cancha y la voz del estadio decía la formación, la hinchada se ilusionaba. Arquero suplente pero seguro. Al menos había llevado las manos. Y bien que las usó. Abajo, una defensa interesante, aunque a Chris lo pusieron en la última línea de entrada, y como consecuencia el equipo perdió un poco de toque en el medio. Salinas todo corazón, entregando y corriendo. Rubén, una incorporación de emergencia en el último minuto, oriundo de Venezuela, se encargó de distribuir en el medio con mucho criterio. Lamentablemente apenas fue su primer partido esta temporada. Si se adapta al jogo bonito de Boomerang, veremos cosas lindas. Chris de a poco fue ganando terreno y llegó al medio, forzando algunos errores y comandando ataques. Adelante, una delantera potente pero que no tuvo su mejor noche, entregó a un Escobar apagado y desgarrado. Igual, aportó garra y pasión. Fede "me dicen guillotina porque pasará la pelota, pero tus piernas no" Braier se mandó un error atómico por izquierda y le entregó una pelota en bandeja al wing rival (aunque tuvo un acierto: la vincha). Un niño de 18 años con más energía que puntería lo pasó a Braier como si fuera un arbusto y la cruzó al área para que la empujara el 9 y abriera el marcador. Desde la platea, la hinchada no escatimaba en palabras de apoyo y aliento. Julito fue una pared. A veces no pasaba nadie y a veces le rebotaba la pelota. Varias veces trató de subir por el carril derecho y se encontró con una defensa organizada y veloz. Dos adjetivos que definen las cualidades del equipo de Emory. Ninguno tenía más de 22 años. Estos jóvenes no conocen el significado de la palabra "ochentas". Definitivamente un favorito. El que quiera pelear un puesto arriba tendrá que vérselas con estos niños/adolescentes y su fútbol simple y rápido. Capítulo aparte para el referí, que quiso llevarse la atención de las cámaras con un arbitraje inflexible y algo sobreactuado. ¿El termómetro? La platea-panqueque, cuándo no, que tras cada fallo no dudaba y disparaba su veneno: "¡Pelado soplaquenas!". Sí, Boomerang también juega fuera de la cancha. Y esos partidos los gana siempre. Y por robo.



Boomerang en el entretiempo, tomando aire y gatoreit. ¿De qué se ríe Alfonso?

El "Tanque de Medellín" jugó lesionado y no pudo dejar su sello en la red. ¿El jopo? Intacto.

La platea-panqueque. De tanto en tanto se da vuelta.

Entretiempo. Guntern, el preparador físico, arroja su análisis: "Son todos jóvenes". Preciso. Conceptual.

La Platea-Panqueque festeja un gol de Boomerang. Entra el flaco Alfonso con la diez. ¿Le quedará grande?

Marino. Un grande con poco huevo y una madre muy especial.

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